domingo, 8 de febrero de 2015

Despierta mi bien despierta

El inicio de la vida, el hecho de nacer, me parece una experiencia increíble de imaginar. Verla, vivirla, experimentarla, se ponen los pelos de punta de sólo pensar las múltiples emociones encontradas en un mismo espacio. La madre, experimentando en sus carnes el miedo más dulce, la incertidumbre, la expectación. Y el hijo, llegando a un mundo nuevo, frío, desconocido, viéndose obligado de pronto a respirar, a observar, a vivir fuera del útero. Y encontrarse de frente por fin con aquella fuente de vida que le resguardó por nueve meses.

No sabía cómo sería mi cesárea a nivel protocolario, pero tenía muy claro que quería tener a mi hijito lo más cerca de mí y lo más pronto posible tras el nacimiento y quería a mi esposo allí, participando de ese momento único. Y lo conseguí: el nacimiento de mi Naricitas fue todo y más de lo que pude haber planeado.

Este espacio quiero dedicarlo al extraordinario equipo de la Clínica Corachán, no voy a dar nombres del equipazo que me atendió por temas de confidencialidad  (a mí personalmente no me gustaría que mi nombre y apellidos aparecieran en el blog de alguno de mis clientes), pero quiero dejar un testimonio de una paciente completamente satisfecha, como agradecimiento a un equipo y a un director de orquesta (migine Rock-Star)  que hizo de mi momento, un recuerdo único e insuperable.

El Wero y yo llegamos  a la clínica a primera hora, tenía el ingreso programado sobre las 8:30 de la mañana, la noche anterior, como niña a la espera de los reyes magos, no pude conciliar el sueño así que estuvimos ahí antes de las 8 de la mañana (para mi sorpresa al llegar, mi mamí estaba ya instalada en la sala de esperas: ese madrugón es la prueba del amor de abuelita). El tema administrativo en admisiones fue rapidísimo, al momento nos asignaron una habitación en la que mi mami  se pudo instalar cómodamente vista la larga espera que la atendía. A  mi Wero y a mí nos canalizaron al piso de maternidad sin demora. En maternidad nos recibieron dos comadronas, amabilísimas, que nos explicaron con detalle los pasos a seguir y me facilitaron una de esas increíblemente stylish batitas de hospital que no solo dejaban las pompis al aire, pero que además eran de una tela que semejaba papel de china y no dejaba absolutamente nada, pero nada de nada a la imaginación.

Con los nervios que llevaba, ya daba igual el pudor, en cualquier caso, en quirófano no habría parte pudorosa que el equipo médico no fuera a ver. El Wero tuvo más suerte porque su disfraz semejaba al de los médicos, con sus ojazos azules y su pinta nórdica su look era de anatomía de Grey total. Nos pasaron al quirófano sin más demora para presentarnos al resto del equipo antes de iniciar, otro punto positivo a la clínica: humanizar el trabajo que un equipo de profesionales tiene ya tan visto. Al asociar cada rol con una persona: una cara, un nombre, un gesto, como paciente, te sientes mucho más cercana y más segura.

Yo había estado ya en un quirófano de la clínica Corachan en otra ocasión y  no había tenido queja, todo  estaba muy bien, impecable, como el interior de una nave espacial. Bastante frío debo decir. El quirófano de maternidad me ha gustado mucho más, todo se veía nuevo, pero con más diseño, lo que al final lo hacía más agradable y más cálido. La luz era adecuada, la enfermera ajusto a la temperatura del quirófano a mi gusto para que no tuviera frio y se ocupó en todo momento de saber si estaba bien, si estaba cómoda. Tener a mi Wero al lado en todo momento me tranquilizaba mucho, yo que me creía la mujer con los nervio de acero, al estar en la camilla, a la espera de la anestesista, empezaba a sentir muchos, pero muchos nervios.

El equipo fenomenal: dos matronas, súper profesionales que me guiaron con mucha paciencia en el proceso y siguieron mi plan de parto (que preparé previamente) respetando mi petición de protocolo piel con piel y lactancia inmediata. Un auxiliar de quirófano que rompió el hielo a nuestra llegada, nos contó anécdotas y chistes y terminamos incluso teniendo conocidos en común “el mundo es un pañuelo”, una anestesista chilena, orgullosamente latina, que me trataba como si se tratara de una conocida y por supuesto, mi estimado ginecólogo Rock-Star que como siempre, fue un pro. Me quito el sombrero: ¡Chapeau!

La epidural me la pusieron en un plaff, un piquetito de nada y después no más dolor de la cintura hacia abajo. La sensación es muy extraña, porque se puede incluso percibir el efecto fría del yodo sobre la piel, pero no hay dolor alguno, sientes manipulación y presión en alguna parte de ti, que no distingues, pero no duele, simplemente desconcierta. La cesárea fue rapidísima, el equipo empezó a hablarme de México, del Chavo del ocho y  de rancheras, y así distraída por el small-talk se pasaron sin más unos 20 minutos y de pronto: mi Naricitas estaba ya saliendo al mundo. Mientras lo sacaban, el equipo médico le entonó a coro Las Mañanitas, y a mí me pareció el detalle más humano que se puede hacer a una embarazada para quitarle los nervios y humanizar su parto. Mi hijo, español por nacimiento, franco alemán mexicano por herencia, fue recibido en el mundo con una canción mexicana de celebración.

En toda este festejo, mi Wero no hablaba mucho y se le veía un poco en modo zombie, el pobre me contó después que por alguna razón se le ocurrió mirar tras la tela que ponen para cubrir precisamente ver escenas traumáticas y me vio abierta por la mitad, con placenta y a saber que más de fuera, con sangre a diestra y mientras, mientras  tras bambalinas mi rostro ajeno a aquella estampa, cantaba felizmente una ranchera.  Para él fue una escena dantesca. Regresó por fin al mundo cuando le pidieron que cortara el cordón y le entregaron a una cosita en movimiento que protestaba a todo pulmón: su hijo. Y tuvo la oportunidad de hacer al momento piel con piel con aquella personita que conocía de voces, pero que hasta entonces no había sentido sobre sí.

A pesar de que no entré en labor de parto y en teoría la falta de oxitócica tendría que haber arruinado el nacimiento de mi primogénito, mi parto tendría que haber sido robótico, sin magia, ni vínculos, mi hijo y yo mirandonos como dos completos desconocidos que se ven por vez primera sin más pena ni gloria. Siento decirles a los detractores de la cesárea que no ha sido así. Cuando entre a la sala de recuperación unos minutos después y me encontré con la imagen de mi Wero con una expresión entre sorpresa y pánico feliz, con mi niño indefenso sobre su pecho desnudo: minúsculo, hermoso. Viví el amor con todos y cada uno de mis sentidos. Esa estampa irrepetible marcará mi historia y no pudo ser más emocionante.

Que decir de cuando pusieron a Naricitas sobre mí cuerpo, y empezó a reptar para buscar mi pecho desnudo. Todas mis lecturas sobre el vínculo intrauterino tomaban sentido, ese era mi niño y me reconocía, y se sentía a salvo en mí. Y yo, como una diosa, podía proveerle alimento, calor, confortarle. No sé si la oxitócica que no liberé en consecuencia de la cesárea me habría hecho sentir con más ímpetu ese momento. No lo creo, no puedo imaginarme una emoción más intensa que la que sentí al sentir la piel de mi hijito contra la mía. Agradecí a Dios, al universo, a todas las energías positivas de la gente que nos quiere que nos acompañaba en la distancia, el poder sentir tanta dicha, en una sola sala, con mis dos grandes amores.

Resumiendo, un agradecimiento al equipazo de la clínica Corachán. Y una vez más exhorto a cada mujer a elegir su parto, ser partícipes de ello y sentirse valiente al aceptarlo. Que al final, el instinto emparejado con la racionalidad nos hará siempre tomar las mejores decisiones. El parto es tuyo.

lunes, 26 de enero de 2015

Con las petacas listas (como decía mi abuelita)

La recta final se acerca y me parece irreal que ya estoy a unos días de conocer a mi Naricitas. En la penúltima consulta con mi gine Paco Rock-Star nos canalizó con el auxiliar de su equipo que se encarga de los temas administrativos. Hemos tenido una larga entrevista con este buen caballero que nos ha indicado ya todos los detalles logísticos de nuestro gran día. 

Dado que tengo una cesárea programada, me dieron hora de entrada a la clínica y hora programada de entrada al quirófano. Así que esperamos estar haciendo el “Check-in” el día 2 de Febrero a las 8hrs. en la clínica Corachan
Algunas recomendaciones:

  • No comer ni beber ningún alimento después de la media noche anterior. La cesárea se debe hacerse en ayunas
  • El parking de la clínica Corachan es uno de los más caros de Barcelona, dado que la estancia para cesárea es de 4-5 días nos han recomendado el parking municipal que está a unas cuadras de la clínica
  • Tomar un buen y relajado baño antes de salir de casa, porque después de la cesárea pueden pasar hasta 48hrs antes de que puedas bañarte
  • Venir depilada/rasurada desde casa, seguro que en casa se tienen cremas cosméticas menos invasivas que el jabón y los rastrillos de las enfermeras de turno


Les paso también la canastilla oficial que me dieron para preparar la maleta


Yo he hecho algunos cambios, gracias a los consejos de foreras o de la matrona de Llevadonas. Los comparto:

  • Ropa interior desechable: he leído que es fea e incómoda, por lo que me he comprado panties de Primark, son de algodón, vienen en paquetitos de 5  y me han salido suuuuper baratas. Es verdad que son tamaño y formato abuelita, pero aun así son mucho más bonitas que las de papel y ciertamente más cómodas. El precio es tan barato que al final podré tirarlas sin remordimiento
  • Toallitas de Postparto: No vienen en la lista, pero la matrona de Llevadonas lo recomendó. Importante, no comprar las toallitas comerciales regulares porque contienen más subtancias químicas. En las farmacias venden unas compresas especiales para el post-parto que disminuyen el riesgo de infecciones. Son feas y gordas, y parecen una especie de mini-pañal, pero prefiero no correr riesgos.
  • Camisones: en la lista no lo pone, pero leí que es importante que el camisón tenga botones en la parte de arriba para poder amamantar cómodamente. Me ha costado bastante encontrarlos con botones, pero otra vez en Primark me ha salvado a un excelente precio. Tambien me regalaron uno de Intimissimi que parece incluso un bonito vestido. Llevó 3 camisones.

  • Bata: me la he comprado muuuuy calientita por ser invierno, ya que será mi “vestido público” para los paseos en los pasillos del hospital y he comprado las pantuflas acordes. ¡Que al menos el disfraz de abuelita feliz combine!

  • Calcetas: Soy muy friolenta y al ser invierno, me he comprado calcetas como de colegio, gruesas y largas. Poco sexies, pero calientitas.
  • Para el papi: Mi Wero también estará 5 días en el encierro, así que le he preparado también maleta con 5 mudas, una pijama y cosas de tocador.
  • Entretenimiento: La tele del hospital seguro no será consuelo, llevo los ipads y estoy por elegir un par de libros para tener lecturas

Hemos puesto también ya el iso-fix en el coche para la sillita de recién nacido, así que: ¡Estamos listísimos!

Cuando era niña, hice mi primer viaje sola a los 12 años. Mi mamá y yo preparamos las maletas con mucha anticipación: me compró todo nuevo. Pijamas, bata, albornoz, pantuflas, ropa interior. Planeamos la ropa para cada día y empecé a disfrutar el viaje mucho antes de mi partida. Fue una experiencia que siempre recuerdo con mucha alegría.

El preparar mis maletas de hospital me ha llevado de nuevo a esos momentos,  una vez más de tiendas con mi mami, escogiendo la ropa de la maleta para un viaje que va a durar mucho más que aquellas vacaciones de verano.

Como hace veinte años, hago la maleta acompañada, pero esta vez el viaje no lo hago sola.



martes, 13 de enero de 2015

La letra escarlata es una C


Entre los múltiples foros de embarazo que voy visitando me he topado con futuras mamis que comentan su miedo a tener un parto vaginal y su preocupación por haber elegido una cesárea. Ayer mismo, una mami primeriza más compartía su decisión al haber pedido una cesárea por el miedo que le imponía el parto vaginal.


Su post tenía sentido, los foros son precisamente para eso ¿no? lugares donde personas con una situación asimiles comparten opiniones, sentimientos, emociones en común. Y más aún en un foro de embarazo donde buscamos conocer opiniones, experiencias de otras madres, consejos en un ambiente cordial. Para eso entramos a los foros ¿o no?

Lo curioso es que, en estos foros de mujeres localizadas en diferentes ubicaciones, de nacionalidades múltiples, que no se han visto jamás la cara, se crean posiciones de jerarquía tan comunes como en los círculos sociales regulares: las usuarias que siempre participan, las que lideran las opiniones, las  positivas, las que siempre se quejan, la que se enojan, la que se ponen nerviosas, y por supuesto, como iban a faltar: las bullies. Porque honestamente, el tildar con letras escarlatas en foros de opinión a aquellos que no comparten nuestras más profundas creencias, es bullying. Y ese ciberbullying es especialmente ácido cuando se toca un tema tan sensible como la elección del parto.

Lo sé porque desde los primeros meses de mi embarazo tuve bien claro cómo quería mi parto. Me informé, leí muchísimo, revise experiencias de amigas, conocidas, familiares. Mis propias experiencias personales que me hacen conocer mi cuerpo y hasta dónde soy capaz de llegar. Pero, lo guardé en secreto.

Conozco de primera mano historias de mujeres que sufrieron desgarros con recuperaciones lentas y dolorosas, bebés con complicaciones postparto por falta de una cesárea a tiempo, consecuencias del uso de fórceps. Hago una nota, no quiero verme como una fatalista, sí bien que estos son casos aislados, un mínimo dentro de las muchas historias maravillosas de partos naturales que salen bien. Pero en mi círculo cercano el histórico de partos naturales con complicaciones es alto, por lo que mi preocupación me llevó a informarme mucho antes de tomar mi decisión.

Molo, humanista, escritora, mujer alternativa había planeado el parto de su primer hijo de forma natural. Ilusionada, primeriza, no había complicaciones, el bebé estaba acomodado y listo para salir por el canal vaginal. Molo nunca se imaginó que sus nervios le jugarían la peor pasada de su vida, porque al entrar en labor de parto un pánico terrible la atacó. Entró en una crisis nerviosa incontrolable, que ni las respiraciones ni los comentarios tranquilizantes de las enfermeras apaciguaron, vomitando bilis y temblando de miedo la tuvieron que sedar completamente. Al final le tuvieron que practicar una cesárea, en un quirófano, sola y completamente dopada, no pudo experimentar el nacimiento de su primer hijo porque estaba dormida.

Alba planea un parto natural hospitalizado, tras casi un día de dolores de parto y contracciones, de sufrimiento brutal tratando de traer a su niña al mundo su médico recomendó una cesárea de emergencia porque había ya sufrimiento fetal. Al final los dolores de parto que ya se había comido no le valieron de mucho, porque fue intervenida de cualquier manera. El bebé tragó placenta y estuvo en cuidados intensivos por varias semanas, y el parto de idílico tuvo poco: preocupación, stress, lágrimas.

Gio, mujer práctica, ingeniera informática, siempre supo que no quería parir por allí abajo, nunca lo dudo. Así que desde el minuto uno lo habló abiertamente con su médico. Tuvo una cesárea planeada y respetada, donde su marido la acompañó y apoyó en todo momento, pidió a su médico música de fondo y su muñeca nació en un ambiente de música clásica, tranquilidad y amorosa expectativa. Gio lo recuerda siempre como el mejor momento de su vida.

Roberta siempre ha sido un espíritu libre, vive y predica esa libertad. Desde siempre tuvo claro que quería un parto natural, respetado y en casa. Y así lo ha hecho para sus cuatro hijos a quienes ha traído al mundo en la intimidad de su habitación, rodeada de sus otros hijos, su esposo y alguna comadrona acompañándola. Sin epidural, sin correas, sin epistomia. Respirando, consagrando su cuerpo con su mente y entregándose al milagro de la naturaleza. No ha tenido en sus cuatro partos naturales ninguna complicación y sus niños crecen sanos y felices.

Todo este rollo para ilustrar que cada caso es un mundo: en el parto como en la vida real, no podemos generalizar ni hacer cacería de brujas.

Tras evaluar mi historia familia y personal, mis traumas y experiencias clínica, mi decisión fue muy clara, aun sabiendo que es una opción que solo se recomienda en circunstancias necesarias, decidí tener una cesárea programada.  Tener un parto vaginal me aterra por muchas razones que no enlistaré aquí y por mucho yoga o meditación que me haya propuesto hacer, es algo que no puedo cambiar: es un miedo que no controlo. Y no pienso, por ninguna razón arruinar el momento más importante de mi vida por un miedo infundado. He optado por una cesárea programada, con un protocolo respetado.  Y ansió el momento.

Viendo las reacciones negativas de muchas mujeres en foros y blogs, comentarios incluso agresivos contra las cesáreas, me dejé acobardar por el bullying y guardé mi decisión en secreto, como la peste.  Pedí a mi Wero que cuando nos preguntarán que tipo de parto queríamos simplemente nos limitáramos a contestar que no sabíamos aún. Me quería evitar  los sermones de los peligros y riesgos de una cesárea (que ya conozco) ni  quería tener que justificar mis razones o dar explicaciones de toda la bibliografía ya leída o los detalles de consultas y consejos hablados ya con mi médico. No quería cátedras ni regaños sobre mi pésima decisión de poca mujer al no querer parir como la naturaleza y Dios dictan. Y así me he pasado los meses de mi embarazo, en la sombras de mi cesárea programada por elección.

En los últimos meses he cambiado. La matrona de Llevadonas que nos dio el curso teórico ayudó mucho, en una de las charlas enfatizó una premisa muy lógica pero que a veces olvidamos: la forma de parir no nos hace ni más ni menos madres. La maternidad es un todo, es un camino, es un proceso. El parto es un acto de comunión con tu hijo, relevantísimo por supuesto, pero eso no dicta tu calidad ni como fémina, ni como madre. Me encantó una de sus frases: nadie da medalla de honor al sufrimiento. Si quieren epidural para amedrentar el dolo pídanla, si llevan horas de trabajo de parto y el niño no salé, acepten una cesárea. Al final de esa sesión, en un grupo de unas veinte mamás, todas (con excepción de dos) confesaron querer epidural para calmar el dolor y estar de acuerdo en cualquier consejo que el médico les diera para hacer ese momento lo más amable posible. Me di cuenta entonces, que las bullies de los foros que critican a aquellas que no osan opinar la supremacía del parto natural no clínico, no son mayoría.

Ahora ya no me da pena aceptar mi decisión de forma abierta. De hecho me parece poco empático el ver como algunas foreras se sienten con autoridad moral de tildar los miedos o decisiones de otras futuras madres, siendo que ellas mismas quieren evangelizar la idea del parto respetado.  Pues eso mujeres: un parto respetado debe basarse precisamente en el respeto, mi decisión como mujer, informada y asesorada por mi médico, de cómo quiero vivir mi momento. Exhorto a todas las futuras mamis a que lean, evalúen su historial médico y de familia, su embarazo, hablen con su médico, su comadrona, su pareja. Y planeen con gusto y sin temor esa llegada de la persona más esperada en el mundo: nuestros hijos.

El nacimiento de un hijo es un momento tan relevante e inigualable que debe ser así, un momento esperado, certero, sin miedos. Un momento único, excepcional, inolvidable.

Porque el parto es nuestro, pero no en plural sino en singular. Mi parto es mío.


domingo, 11 de enero de 2015

Canastilla Lets Family

Mi paso por Llevadonas, además de los muchos conocimientos adquiridos me dejó con regalitos muy bienvenidos y apreciados: 2 canastillas con muestras de productos de bebé.

Las dos canastillas eran de Lets Family, que es una comunidad  para embarazadas, padres y familias, que proporciona información y promociones, en todos los temas relacionados con el embarazo y la crianza.

Al inicio del curso nos regalaron la canastilla TU PEQUE, que contenía:

  • Información promocional, folletos de productos infantiles
  • Toallitas de bebé Dodot Sensitive, para pieles sensibles, sin perfume
  • Descuento en una exografía 4D Ecox 4D Prenatal, es una lástima que nosotros ya habíamos hecho la de Naricitas y no usaremos el bono descuento
  • Un chupón de 0-6 meses de Suavinex
  • Una pomada Mitosyl para las rosaduras del bebé
  • Una guía práctica para el cuidado del pañal, también de Mitosyl
  • Un vale para pedir un osito de peluche en el Club Nestlé Bebé
  • Una revista: Crecer Feliz, enfocada a consejos para padres
  • Una botella de agua de Font Vella, que me vino de maravilla al terminar el curso: moría de sed!



Al completar el curso nos dieron la canastilla TU BEBÉ, que contenía:
  • Información promocional, folletos de productos infantiles
  • Un kit completo de productos Mustela, tamaño muestra que me ha venido estupendamente para la maleta del hospital, me ocupa el espacio necesario y me cubren las necesidades de productos de tocador de bebé para los 4 días que estaremos en la clínica. ¡Un 10 para Mustela!
  • Una señalización de “Bebé a bordo” para el coche de Club Nestlé Bebé
  • Una revista: Ser Padres, con consejos para padres
  • Un biberón  de boca ancha con tetina anatómica de Suavinex
  • Una botella de agua de Font Vella, que de nuevo, vino como agua de mayo despues del curso


Con estas 2 canastillas me enteré que regalan una tercera, la  Canastilla JOVEN BEBÉ, que se pide directamente en la web de Lets Family. Ya la he pedido, se supone que debo recibirla entre 4 y 6 meses después del nacimiento de mi Naricitas.

La verdad es que todos estos productos, aunque solo sean muestras se agradecen, porque nos dan oportunidad a las primerizas de conocer nuevos productos y marcas de bebé: gratis.

Además de que siempre da gusto recibir regalitos, y más cuando se trata de tu nuevo bebé :-)




sábado, 10 de enero de 2015

Cursos Preparación al parto: Llevadonas

Mi mamá siempre cuenta su anécdota de cómo durante su embarazo asistió de forma regular al curso de parto psicoprofiláctico y de cómo yo nací imitando el control de las respiraciones que ella había aprendido (¡ah qué bebé tan linda!). Recomendaba la experiencia, aunque parece que a la hora de la hora, las benditas respiraciones se fueron al garete porque, contaba mi abuelita, mi mamá gritó como una “loca desesperada” a la hora de parirme.

Así que me dí a la tarea de investigar dónde tomaría mi curso de preparación. Descubría que aquí en España, los cursos van mucho más allá de los ejercicios físicos o el control de la respiración, es un acompañamiento casi moral. Leí opiniones muy positivas de muchas mujeres del curso en general y opciones de diversos centros y me pude hacer una idea bastante clara.

La seguridad social ofrece estos cursos de forma gratuita,  consulté con mi centro asignado y efectivamente, me dijeron que tomaban nota y me llamarían  en las semanas correspondientes. El curso lo daba precisamente la comadrona despistes de mi primera visita y dada mi experiencia previa con  esta amable señora, empecé a mirar en paralelo opciones de centros privados, aunque el precio me hacía dudarlo un poco.

Después de mucho mirar me decidí por Llevadonas, un centro privado especializado en formación sobre la maternidad que además entraba en mi cobertura de seguro privado. http://llevadonas.es/es/quienes-somos/

La pregunta del millón: ¿Asisten los padres? Mi mamá me dijo que en su época, en México, los padres no asistían, era una clase de y para mujeres. La versión europea era distinta, mi Wero preguntó a sus colegas alemanes y le dijeron que por ninguna razón se le ocurriera no asistir porque las mujeres que iban solas se sentían como las “preñadas y desechadas” (¿hombres, de verdad nos ven tan “dramas-queens”?). Pregunté en el centro y la posición era menos drástica: la presencia del padre era recomendable, más no obligatoria.

La realidad es que, parece ser que, los futuros papás de mi generación son mucho más involucrados que los de la generación de mi mamá. Cuando llegamos al curso no había una sola mujer no acompañada, era un curso para parejas: de padres. Me da alegría ver que ya no hablamos de una maternidad femenina, si no una paternidad compartida en donde hay dos partes, cómo en la concepción.

Desde que llegamos a Llevadonas me llevé una excelente impresión del centro, el lugar es acogedor y familiar, cada rincón está enfocado de lleno a la maternidad / paternidad, al bebé. El sitio me encantó, lo tienen muy bien montado y es realmente un espacio de acompañamiento completo a la pareja. Las sesiones de preparación al parto se dividen en dos partes: una teórica y una práctica.

La parte práctica nos permitió conocer ejercicios respiratorios, activadores de la circulación, reforzadores del periné, para soportar las contracciones y relajarse durante el trabajo de parto.

En la parte teórica se nos habló de temas como los cambios físicos, las dudas frecuentes del momento del parto: la epidural, la cesárea, la epistomia. Y temas postparto como la lactancia, el cuidado del bebé y el puerperio.

Debo decir que la parte teórica me gustó mucho más, y me 
hizo comprender finalmente el papel que puede jugar una comadrona profesional. La teoría la impartía una matrona experta, que además tenía una inteligencia emocional envidiable,  indispensable en una labor como la que realiza, una mujer realmente empática.  

La parte práctica fue buena, no puedo quejarme, pero me daba un poco de pena ver a los padres, dando obviamente el apoyo moral, pero en un rol en donde no podían hacer mucho, porque la realidad es así: quien va a parir es la mujer.

En cualquier caso terminé (¡terminamos!) el curso con un excelente sabor de boca y con mucha información útil, que nos ha servido y servirá desde ahora hasta el puerperio. Y nos abrió los ojos, literalmente, porque las presentaciones incluían fotos MUY gráficas de temas que no siempre vienen ilustrados en los libros:


  • Los bebés no nacen resplandecientes y hermosos como el bebé Gerber, prepárate: tu recién nacido al salir será un pequeño monstruito hinchado por el exceso de líquidos, con sarpullido o pelo en algunas partes de su cuerpecito y cubierto de una mezcla de sangre y una pasta blanquecina como semejante a la nata pasada llamada vérnix caseosa (por cierto, muy beneficiosa para su piel)
  • Si tu bebé nace con la cabeza larga como pepino o con algún chipote extraño, no te asustes, no fuiste fertilizada por un extraterrestre ni tu ginecólogo apachurró por mala praxis la cabeza de tu bebé. La cabeza de un recién nacido es blanda, precisamente para poder adaptarse al paso por el canal de parto e irá tomando forma normal con el tiempo. Tendrás un mini conehead solo temporalmente.
  • Las fontanelas, las partes blandas en la cabeza del bebe, no se cerrarán hasta los 12-18 meses. ¡Por favor mamás, no le llenen a los peques la cabeza de colonia de bebé, si no quieren peques alcoholizados por osmosis! (¡Ahora entiendo tantas cosas!)
  • Romper aguas no es como en las películas, el bebé no estará en tus brazos unos minutos después, pueden pasar muuuuuchas horas antes de que entres en verdadera labor de parto. Así que, que no cunda el pánico
  • La placenta es FEA, pero realmente, FEA FEA FEA 
  • Una vez que superas el parto, no cantes victoria que falta aún el bendito puerperio, con episodios tan sexies como coágulos de sangre de tamaño de hígados de pollo saliendo de “ya sabes donde” (¡creo que para los esposos esa fue la parte más fuerte del curso y no sé si llegarán a superar esa frase!)


Ya hablando en serio y sin bromas, uno de los mejores consejos que nos dio la comadrona fue el planear cada una su parto.  Cómo se quiere y en qué condiciones, importante compártirlo con tú pareja para que esté al tanto y hablarlo muy claramente con el ginecólogo / matrona para que sea respetado: el parto es uno de los momentos más importantes de tu vida y tú decides cómo quieres vivirlo.


En conclusión, Llevadonas se saca un sobresaliente y tras mi experiencia recomiendo a todas las futuras mamás que no dejen de asistir al curso de preparación al parto. Merece  mucho la pena.

lunes, 5 de enero de 2015

Manual de Instrucciones del Bebé


El libro es un manual ilustrado del primer año de un bebé, a modo de guía de instrucciones de un electrodoméstico, escrito por el  Dr. Louis Borgenicht, profesor licenciado por la Academia Americana de Pediatría.

Me ha parecido de lo más original y divertido, mi esposo, que saca su vena germana, se lo ha leído en nada. Creo que para los padres que estan tan acostumbrados a seguir instrucciones step-by-step, este libro debe facilitarles muchísimo el no ver al bebé como a un ente extraño indescifrable si no como un aparato con funciones  que deben ser reguladas. Tan sencillo como seguir correctamente las instrucciones de un aparato tecnológico. (Qué maquina más maravillosa o más compleja que un ser humano).


El libro guía en procesos tan comunes, pero tan indispensables en el cuidado del bebé como el cómo cargarlo,  alimentarlo, cambiarlo, cuidarlo en emergencias. Todo ilustrado como el manual de uso de una lavadora.

Creo que para los papás es una manera sencilla de recopilar información indispensable, mi marido lo leyó antes que yo y me empezó dar consejos sobre el termostato en la habitación del bebé o el paso a paso a la hora del baño. Quedé impresionada y él quedo todo un experto (en teoría al menos).

Además incluye algunas listas muy útiles que pueden servir a la hora de planificar las compras y detalles que muchas veces pasan desapercibidos pero que pueden ser muy necesarios.



No es una lectura científica profunda, pero se ve que el autor es un pediatra y sabe muy bien su materia, y la variedad de audiencia con la que se puede topar. Este libro le sirve a cualquier padre, sin importar qué tipo de lector sea.


Para mí, como mamá me ha parecido graciosísima y le me quedo el libro como una guía resumen, aunque personalmente necesito siempre un poco más de bagaje explicativo para sentirme tranquila, lo acepto, me encanta el rollo. Pero recomiendo ampliamente a todas las mamás que regalen este libro a sus parejas, porque seguro les será muy útil y apreciarán saber que un bebé puede ser menos complicado de lo que se piensan (¡Hope so!)

domingo, 4 de enero de 2015

Feliz Año 2015 y Hawaii vs Meconio


La imagen cliché de las vacaciones idílicas es bastante simple de describir: un resort cinco estrellas con acceso restringido al público (para poder tener playas privadas sin aglomeraciones) en una isla paradisiaca de paisajes exuberantes, margaritas y piñas coladas a voluntad, espectáculos y cenas de gala cada noche, brisa, sol, mar, arena. Días de snorkeling, surfing o scuba diving y noches de vestidos de fiesta. Vacaciones de película hollywoodense. Personalmente, prefiero las vacaciones más a la aventura: países desconocidos, lugares exóticos, rincones regionales y comidas desconocidas. Peeeeero, si las vacaciones cliché se me ofrecieran de forma gratuita, obviamente nunca jamás diría que no: aceptaría sin chistar.


En la empresa para la que trabajo, cada año se regala a un circulo selecto de “triunfadores” unas vacaciones de ensueño en una isla del pacifico. La experiencia se adereza con eventos de actuaciones o espectáculos de talla internacional y regalos de marcas de lujo cada noche para el agasajado y un acompañante. Me contaba un colega que en la  almohada de su esposa, en lugar del típico chocolatito se  encontraba cada noche con un regalito deluxe: un dije de Swarovski, un bolso de Burberry o un iPad. El viaje es un premio extraordinario para empleados con un performance extraordinario, idea simple. Desafortunadamente en los seis años que llevo dentro de la empresa, nunca he conseguido entrar en ese círculo selecto de campeones.

Creo que pocas mujeres estarán en desacuerdo conmigo si me atrevo a escribir que aún nos queda una brecha inmensa antes de poder decir que tenemos igualdad de condiciones a nivel laboral. Es verdad que las cosas evolucionan y que de más en más avanzamos peldaños, pero el camino por recorrer se ve todavía muy largo antes de poder asegurar que hombres y mujeres somos vistos de la misma manera en el trabajo.

Trabajo en un mundo de hombres en una multinacional de alto nivel, un universo muy competitivo, agresivo, demandante. Cuando ingresé a la empresa, en mi primer equipo no había mujeres, aunque la manager lo era. Al iniciar me dijo que apostaría conmigo, porque, honestamente, prefería trabajar con hombres. No era la única, los equipos alrededor del mío eran todos mayoritariamente de hombres.  No quiero generalizar, ya que muchas multinacionales como en la que yo trabajo a nivel “político” promueven, al menos en intención, el empleo de féminas en puestos relevante y  es claro que hay ciertas áreas en las empresas más populadas por mujeres (Recursos Humanos, Marketing) Mi primer equipo ya está muy atrás y con el tiempo he visto a muchas mujeres incorporarse. Cada año se nota más el cambio: Sí se está apostando por darle más relevancia a papel femenino. Mi actual equipo está igualmente populado por hombres  que por mujeres. Pero la realidad acechante es que si echo la mirada arriba, las cabezas más altas son  casi siempre de hombres.

De nuevo, no puedo generalizar, pero muchas de las mujeres que he visto hacer carrera tienen que hacer grandes sacrificios personales. Hace un año en París coincidí con una estadounidense, jefaza a nivel internacional: jefa del jefe, del jefe de mi entonces jefe. Tras una reunión de equipo (una docena de hombres y tres mujeres) que ella presidia, me tocó compartir taxi con ella para ir a cenar. (Por supuesto, si se quiere hacer carrera hay que ir a la cenas de negocio y hacer horas extras). El small-talk del taxi nos llevó al tema familia, ella en sus extremadamente bien conservados cincuenta y tantos, sobriamente vestida, con unos tacones de esos que solo un sueldo de ejecutiva nivel C puede comprar, me comentó que nunca había tenido hijos, no había sitio en su vida para ello, entre tanto viaje, reuniones, cócteles. Me preguntó si yo tenía, y al decirle que aún no, su respuesta salió sin pensar: mejor, así te dedicas más de lleno a tu carrera y nuestro proyecto.

Más de una de las mujeres mejor colocadas con las que trabajo tienen asumido que hacer carrera no compatibiliza con ser madres. Es una lástima que mujeres inteligentes, competitivas, capaces, féminas que podrían pasar una serie de experiencias enriquecedoras a una nueva generación simplemente no puedan asumir la maternidad porque hay que priorizar. Porque no se puede ser la mejor en todo o porque simplemente, compatibilizar carrera (a nivel ejecutivo) y maternidad responsable parece imposible en el mundo de trabajo actual.

Parece siempre que el destino quiere restregarnos en la cara los sufrimientos y sacrificios que tendremos legado de nuestra herencia de Eva. Nosotras elegimos morder la manzana y seguiremos sufriendo las consecuencias generación tras generación. Y el destino tiene que recordárnoslo de formas sarcásticas.

Precisamente apenas unos meses después de saber que mi naricitas estaba a bordo, recibí una llamada de un colega en San Francisco. Hago un paréntesis para decirles que la oficina de San Francisco de mi empresa me parecía un sitio de trabajo de ensueño, los días que pude pasar ahí me hicieron ver un ambiente cosmopolita, abierto, sin jerarquías. Me visualicé claramente en ese sitio y no lo guardé en secreto: si había alguna posibilidad yo quería moverme a San Francisco. De ahí la llamada de mi colega, sabiendo mi interés: un puesto se abría en San Francisco, mi perfil cuadraba. El trabajo iniciaba en Enero 2015. Un mes antes de mi fecha esperada de parto. Mi trabajo de ensueño no fue el único que tocó a mi puerta esos días, me cayó otro puesto más para empezar en Febrero 2015 que tuve que rechazar. Ironías del destino. Hubiera podido tomar el riesgo y aceptar, pero me parecía poco ético, sabiendo que a partir de Febrero me ausentaré. Llámenme torpe, pero prefiero jugar limpio. Rechacé de lleno ambas oportunidades porque tengo muy claro que mi mente, mi corazón y mi cabeza estarán de lleno en el proyecto más relevante de mi vida: Mi hijo.

Lo cómico de toda esta historia, es el timing, estas oportunidades llegan precisamente ahora. 

El cierre de año en nuestra empresa es el momento de mayor trabajo. Este año mi doctor me había ya dado la baja médica a causa de unas contracciones prematuras. Pero fui incapaz de desentenderme del trabajo, porque había precisamente un proyecto en el que había estado involucrada por más de un año y medio: me estresaba más ausentarme de ese trabajo de equipo que seguir participando hasta el final.  La historia es larga, así que resumiendo, después de muchos altibajos y trabajo de fines de semana, el 31 de diciembre por la tarde conseguimos nuestro objetivo.

Y ese éxito, que fue un excelente sabor de boca a nivel profesional, permitió al equipo darse una visibilidad y abrir puertas para el año que comienza. Y, el colmo de los colmos, el ganar este proyecto me colocaba, por primera vez en mi historia laboral, en la posición de entrar a ese círculo ganador: he ganado el viaje de ensueño.

El viaje se llevará a cabo dos semanas después de mi fecha probable de parto. Lo cómico de todo esto es que, irónicamente, puedo tomarlo con mucho humor. 

Quien lo iba a decir, que estoy más emocionada de limpiar caquitas de bebé que de participar en fiestas de small-talk y vestidos de cóctel en una isla paradisíaca de Hawaii

¡Bendito amor de madre!